Desde la horrorosa e indignante escena vista por todos los peruanos, en que dos policías se agachan a amarrarle los zapatos al presidente Pedro Castillo, el mandatario con seis investigaciones por corrupción y sus escuderos han tratado de dar muchas explicaciones, cada cual más alucinante y risible que la otra. Está el cuento del chaleco antibalas, el de la lumbalgia a secas, el de la lumbalgia por recrudecer o el exceso de “cortesía” de la escolta que quiere mucho a su jefe.

Esas historias podrían creerse, quizá si se tratara de otro mandatario, pero no de uno como el profesor Castillo que en su año de gestión ha permitido que desde su gobierno se maltrate sistemáticamente a la Policía Nacional. Por eso, que no venga ahora a lanzar tuit afirmando que respeta a dicha institución, que eso no se lo cree ni el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Alejandro Salas, el hombre experto en hacer contorsiones verbales para justificar lo injustificable.

Recordemos cómo el presidente Castillo ha usado a agentes de la Policía Nacional para cobrar dinero sucio, producto de haberle puesto precio al kilo de galón de general que permitió ascender a algunos coroneles que ojalá pasen un buen tiempo tras las rejas por sinvergüenzas. Esto no es invento de nadie. Es la declaración ante la Fiscalía del ex secretario palaciego Bruno Pacheco, al que le encontraron 20 mil dólares en un baño de su oficina.

No olvidemos tampoco los agravios hacia la PNP que el jefe del Estado le ha permitido a su ratificado premier Aníbal Torres. Primero fue ante una radio colombiana y más tarde en uno de los gabinetes descentralizados, en que dijo que los ronderos trabajaban mejor que militares y policías. Además, allí está el presidente Castillo nombrando como ministro del Interior a un policía con pésimos antecedentes como Luis Barranzuela, lo cual de por sí es un maltrato a la institución.

El incidente de los zapatos no fue algo aislado. Hay una cadena de agravios a la Policía Nacional de parte de este gobierno que quizá por su ya innegable cercanía ideológica a bandas armadas derrotadas como Sendero Luminoso y el MRTA, la detesta y quiere ver humillada y avasallada por un sindicalista radical que más cree en los ronderos y sus fuerzas de choque, que en una institución tutelar de la patria cuyos buenos miembros siempre están dispuestos a dar la vida por el país.