Opinión

HAY QUE DECIDIR EL BLOQUEO ECONóMICO A VENEZUELA

Nicolás Maduro quiere perpetuarse en el poder, y por eso ha tirado al tacho la voluntad del pueblo venezolano. Su miserable conducta política confirma que el régimen totalitario que encabeza hará cualquier cosa para aferrarse a no dejarlo

06 de Agosto del 2017 - 07:32 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Nicolás Maduro quiere perpetuarse en el poder, y por eso ha tirado al tacho la voluntad del pueblo venezolano. Su miserable conducta política confirma que el régimen totalitario que encabeza hará cualquier cosa para aferrarse a no dejarlo. Si esta premisa es válida, con lo cual la negociación para una salida pacífica ha fracasado, lo que viene entonces es decidir el bloqueo económico de todos los países de la región a Venezuela, con el único objetivo de lograr la caída del gobierno. El bloqueo, como medida soberana y de responsabilidad unilateral de los Estados, no es otra cosa que el embargo comercial. Lo hizo la Francia de Napoleón Bonaparte a Inglaterra en 1806 y EE.UU. a Cuba en 1960. Considerando que no es posible una invasión militar sobre Caracas, pues la Carta de la OEA de 1948 y la Carta Democrática Interamericana de la OEA de 2001 la proscriben, y que desde la Carta de las Naciones Unidas de 1945 no se han cumplido los requisitos para una acción colectiva decidida por el Consejo de Seguridad, lo único que podría tumbar al corrupto régimen chavista es la medida económica. A las sanciones que acaba de imponer Washington sobre funcionarios del gobierno, incluido el propio Maduro, un embargo comercial que impida que Venezuela venda su petróleo será letal para el país, cuya economía depende totalmente del oro negro. Es verdad que el pueblo venezolano será impactado, pero también lo es que está dispuesto a seguir ajustándose con tal de ver consumada la salida del dictador. Las protestas ininterrumpidas por cuatro meses, con cerca de 130 muertos en todo el país, traducen que el pueblo hace su parte en las calles y espera que el mundo haga la suya. Algunos gobiernos timoratos e interesados de la región actúan según las circunstancias, y eso es condenable. Otros Estados del mundo también tienen petróleo y deben ensanchar su vinculación comercial para contarlo. El bloqueo pondrá la soga en el cuello a Maduro y las disidencias surgirán incontenibles para derrocarlo. Así funciona en el mundo la coerción del siglo XXI.

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