Opinión

Héroes de la calle

COLUMNA: Rolando Rodrich

22 de Enero del 2019 - 07:00 Rolando Rodrich

Este país se está reconstruyendo moralmente gracias a peruanos anónimos, gente común y corriente que, de un momento a otro, es puesta a prueba por las circunstancias y sabe decidir con firmeza. Una sensación de esperanza fue lo que podía extraerse de la joven trabajadora de Telefónica que no dejó que sus jefes le hicieran actuar en contra de la ley, de lo justo y de lo que su conciencia le ordenaba. Se lo dijo claro a sus jefes y a los periodistas, ante quienes lo denunció y ante las autoridades judiciales. No es fácil hacerlo, es muy probable que muchos trabajadores deban ceder al abuso y la ilegalidad de conductas que eventualmente les imponen, ante el riesgo de perder el trabajo y dejar sin sustento a sus familias. Pero esa es la gente valiente que los peruanos de buena voluntad deben aplaudir y colocar como ejemplo de un civismo tan escaso hoy en día. Esos son los héroes de hoy, los policías, los jueces y fiscales que abrazan con un romanticismo que algunos creen ingenuo. No son los héroes militares que nos colocan en lo más alto de las plazas y monumentos, protagonistas de sacrificios tan heroicos que nadie se atreve a imitar por sentirlos tan lejanos. Tampoco son los santos que la iglesia nos coloca en los altares, arriba, cerca de las nubes, pero lejos de los humanos que somos, inalcanzables en su divinidad. Quizá no lleguen a incorporarse a los libros de textos de hoy, más preocupados por las cuestiones de género, pero son los ejemplos más inspiradores de la gente de la calle y la prueba de que es posible la decencia y la dignidad, ante la epidemia de la corrupción que nos corroe por todos lados.

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