Opinión

indecisiones

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

06 de Junio del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

La temprana renuncia del ministro de Economía y Finanzas, David Tuesta, debido a los desencuentros que existen dentro del Poder Ejecutivo con relación a las políticas tributarias, es una clara muestra de que el primer gabinete del presidente Martín Vizcarra ha empezado con el pie izquierdo, y de que el flamante régimen aún no encuentra un norte para estar en condiciones de empezar a navegar hacia las metas trazadas.

Hay que recordar que fue el régimen del presidente Vizcarra el que el 10 de mayo elevó el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a las bebidas azucaradas, los combustibles y los cigarrillos. Dos semanas después, el propio jefe de Estado dejaría sin piso a su ministro al anunciar que se evaluaba la vigencia de dicho incremento. El extremo se dio el lunes último, en que el Gobierno se ha comprometido a devolver a los transportistas lo que han pagado “en exceso” tras el alza.

Días más tarde, el ministro Tuesta señaló que estaba a favor de achicar el tramo no afecto al Impuesto a la Renta (IR) para que las personas naturales que menos ganan también paguen este tributo, lo que lo llevó a ser desautorizado por el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva. El lunes, con lo de los transportistas, la cosa no dio más y Tuesta renunció. Cayó por las idas y venidas del propio gobierno al cual sirvió por apenas 64 días.

Pero en su mensaje del lunes, el presidente Vizcarra, al pedirle al Congreso que modifique norma y así permita que el auditor de sus cuentas sea designado por la Contraloría, mostró también que no la tiene clara en este aspecto, pues en marzo último asistió en Palacio de Gobierno a la puesta en vigencia de la cuestionada ley que hoy pide cambiar luego de las críticas. ¿Otra ida y venida? ¿No hay un rumbo claro en materia tributaria ni de lucha contra la corrupción?

El presidente Vizcarra aún está en un periodo de gracia a solo dos meses de haber tomado las riendas del país, pero si no tiene las cosas claras, la energía suficiente y el bueno tino para determinadas señales que da al país, podría terminar peor que su antecesor, que por momentos parecía estar en otra realidad. Un gobierno tiene que nadar sabiendo hacia dónde va. No puede ir andando en círculos, y menos en materia económica. El bolsillo de la gente de a pie no perdona.

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