Opinión

Indignación y rabia, pero no sorpresa

El caso Odebrecht huele tanto que apesta. Las informaciones de sobornos y entrega de dinero de la empresa brasileña a personajes de relieve de la política peruana arrasan en todos los titulares.

24 de Febrero del 2017 - 07:04 Editorial

El caso Odebrecht huele tanto que apesta. Las informaciones de sobornos y entrega de dinero de la empresa brasileña a personajes de relieve de la política peruana arrasan en todos los titulares. Se nota un país herido, decepcionado por tantas miserias y escándalos, sin suspiros de alivio.

La versión del representante de Odebrecht en el Perú, Jorge Barata, sobre la donación de 3 millones de dólares de esta empresa para la campaña de Ollanta Humala en el 2011, ha generado indignación y rabia, pero no sorpresa. Antes de esta revelación, hubo muchos indicios que la plata para el nacionalismo llegaba desde Brasil.

Nadine Heredia vuelve a estar en el foco de atención porque la declaración de Barata ante fiscales peruanos dice que a ella se le entregó un millón de dólares en efectivo. Su abogado, Wilfredo Pedraza, decidido a recitar una y otra vez ante las cámaras su consabido repertorio de excusas, reconoció el aporte a la campaña, pero argumentó que fue de corte político, que no estuvo supeditado a algún compromiso de obras o proyectos en el futuro. O sea, que Odebrecht entregó la plata de buena gente sin pedir nada a cambio.

La realidad ha degradado toda la propaganda llena de clichés y eslóganes de Ollanta Humala y su esposa contra la corrupción y a favor de la honestidad y transparencia. A la luz de los hechos, se ve que hablaron mucho de valores, moral y ética y los practicaron muy poco. El culto por sacar ventaja como fuera posible de su posición protagónica en la política nacional prevaleció, pudo más. Mientras acumulaba votos por todo el país y le decía a la gente lo que quería escuchar, acumulaba dinero de empresas definitivamente corruptas. 

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