El gobierno anunció pomposamente que habíamos cerrado el año 2021 con un crecimiento económico de 13% y que se recuperó los niveles de producción prepandemia. Sin embargo, este resultado providencial no es consecuencia de la buena mano o políticas de la gestión gubernamental, que se ha caracterizado por la improvisación, marchas y contramarchas y la carencia de un plan de gobierno, pues lo que hay son intentonas afiebradas de medidas populistas de todo calibre. En términos gastronómicos, “un arroz con mango”.

EL país se ha movido por inercia, merced a los choques internos y externos que explican el contexto económico y contra la fuerza física del gobierno. Con un gobierno sensato, con programas y propuestas claras, el crecimiento hubiera sido mayor. Para ello se requería generar confianza, aprovechar el superciclo del precio de las materias primas e impulsar la inversión privada y la ejecución del gasto público con calidad. Consecuentemente, hubiéramos podido acercarnos a nuestro potencial de crecimiento.

Según el Banco Mundial, el Perú es una economía de ingresos medios, fuertemente dependiente del mercado externo y al tanto del mismo como productor minero principal (segundo en cobre). Hoy nuestra participación en el PBI global es menor a 0.3% con perspectiva decreciente por la miopía de los hacedores de políticas.

Dicho esto, el crecimiento se explica, como lo sostiene el consenso de analistas, por el efecto rebote de la economía, la recuperación económica de las grandes economías como China y EEUU, el retiro de los fondos previsionales, la CTS y el regalo de dinero a grandes empresas y corporaciones, muchas de ellas involucradas en corrupción y otras que se están declarado en quiebra. La factura la pagaremos después.

En efecto, se esta vendiendo las “joyas de la abuelita”. El consumo ha crecido echando mano al “chanchito” de los millones de trabajadores que se quedarán sin fondos previsionales y sin fondo de desempleo, y de los recursos acumulados a lo largo de los últimos 20 años gracias a la estabilidad macroeconómica y solidez, que se van dando bonos y subsidios a diestra y siniestra.