Lo sucedido hace tres días muy cerca de Mesa Redonda, en que una galería comercial convertida en depósito ardió el llamar, es apenas una muestra de la grave informalidad que corroe al Perú. Hoy el alcalde capitalino es Jorge Muñoz, y sin duda tendrá que asumir su responsabilidad administrativa, política y quizá hasta penal, pero el problema es de fondo y viene de mucho más atrás.

La pandemia nos hizo ver que el 80 por ciento de nuestra economía es informal, a lo que se suma que hoy tenemos un presidente como Pedro Castillo, promotor de las combis asesinas, de universidades chicha y hasta de la “justicia rondera” que solo existe en su imaginación, pues ninguna norma legal la considera.

El problema es crítico. Mesa Redonda y Gamarra, por citar solo dos, son focos de informalidad a pocas cuadras del centro del poder. Sin embargo, allí están hace décadas, demostrando que tiene que haber voluntad política de muchos gobiernos y que tendrán que pasar muchos años desde que alguien decida cambiar las cosas.

Sucedió esta vez en Mesa Redonda, al igual que hace 20 años, y ocurre en las pistas, en los centros de diversión, en los negocios, en los talleres mecánicos y hasta en los partidos políticos. En todos los ámbitos. Creer que lo sucedido hace pocas es horas es culpa solo de un alcalde, es mirar apenas el ombligo.

Lamentablemente, en el corto y mediano plazo, no hay solución a la vista.

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