Opinión

inseguridad.

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

31 de Enero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Sería mezquino afirmar que es falso lo dicho ayer por el presidente Pedro Pablo Kuczynski en el sentido de que en los últimos meses se ha avanzado en la lucha contra la delincuencia, pues hoy tenemos más policías con mejores equipos para trabajar y nuevos patrulleros. Sin embargo, la crisis en materia de seguridad es tan profunda que lo hecho es poco en comparación a lo que está pendiente para devolverle la tranquilidad a los peruanos.

El propio jefe de Estado ha dado en el clavo en sus declaraciones de ayer al referirse al elevado número de atracos a agencias bancarias que se han producido en las últimas semanas. Recordemos que hasta hace unos años el número de robos a entidades financieras era equivalente a cero, debido a la estrecha vigilancia que prestaba una unidad policial que en el gobierno anterior fue destinada a efectuar otros trabajos.

En este aspecto hay mucho que trabajar, al igual que en la ardua tarea de limpiar la Policía de los malos elementos que malogran toda la labor de sus colegas. En este campo también se ha avanzado durante la gestión de Carlos Basombrío en el Ministerio del Interior. Se necesita una institución honesta y respetada para hacerle frente al hampa. La autoridad debe marcar la diferencia con los delincuentes comunes. Tiene que ser muy distinta de los sujetos a los que combate.

Una herida siempre abierta en materia de violencia callejera sigue siendo lo que ocurre todos los días en las principales ciudades de la costa norte, donde la extorsión y el sicariato no cesan. Incluso el papa Francisco mencionó este gran problema cuando estuvo en Trujillo. La situación extrema lleva casi dos décadas, pese a que las grandes bandas de inicios de la década pasada fueron desarticuladas en su momento por la Policía.

El presidente Kuczynski está en la posibilidad de marcar la diferencia con los gobiernos anteriores, que poco o nada hicieron contra el delito callejero. El problema ha ido en aumento y es necesario marcar un antes y un después en la lucha contra la inseguridad. Recursos económicos existen. Es cuestión de voluntad política para erradicar de una buena vez el principal problema que agobia a los peruanos sin excepción.

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