Opinión

Intransigencia

​Hace bien el gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski -tras varias idas y venidas que están teniendo un costo muy alto- al rechazar el diálogo con sectores radicales de docentes que, además de sus vínculos con el terrorismo, han entrampado cualquier intento de aproximación al hacer exigencias imposibles de realizar, como pedir que el 10% del producto bruto interno se destine a la educación o que se deje de lado la evaluación de los docentes.

18 de Agosto del 2017 - 07:30 Iván Slocovich

Hace bien el gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski -tras varias idas y venidas que están teniendo un costo muy alto- al rechazar el diálogo con sectores radicales de docentes que, además de sus vínculos con el terrorismo, han entrampado cualquier intento de aproximación al hacer exigencias imposibles de realizar, como pedir que el 10% del producto bruto interno se destine a la educación o que se deje de lado la evaluación de los docentes.

En ese sentido, llama la atención la actitud de ciertos congresistas, entre ellos el fujimorista Héctor Becerril, al haberle abierto las puertas del Legislativo -el miércoles último- a esta facción que debería estar al margen de todo acuerdo con el Estado. ¿A qué están jugando?, ¿primero es el cálculo político y el dañar al Poder Ejecutivo antes de sumar esfuerzos contra el Movadef y el terrorismo? Los peruanos merecemos una explicación por el escándalo visto.

Sentarse en la mesa de negociaciones con el “dirigente” Pedro Castillo, a quien el Ministerio del Interior vincula con el Movadef -uno de los brazos legales de Sendero Luminoso-, sería un triunfo de esta organización terrorista que desde hace años está tratando de infiltrarse en el día a día de los peruanos. Cometió un error la ministra de Educación, Marilú Martens, al recibir a este personaje días atrás, pero esto ha sido enmendado.

De otro lado, sería una tremenda equivocación buscar una aproximación con una facción que exige el 10% del PBI a la educación, lo cual implicaría cerrar al menos tres ministerios para dar gusto a los docentes radicales encabezados por Castillo. Tampoco se puede aceptar el dejar de lado las evaluaciones a los profesores. No se puede tener a gente sin preparación al frente de la formación de los futuros ciudadanos del Perú.

El Estado no se puede dejar chantajear por violentistas e intransigentes que tienen una agenda propia muy alejada de los reclamos de los profesores, que en el fondo pueden tener justificación. Dicho esto, queda aplicar los descuentos y los despidos respectivos, y al mismo tiempo tomar las medidas necesarias para evitar que los niños y jóvenes de la escuela pública pierdan el año escolar. No es nada fácil esta tarea, pero es necesaria.

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