La construcción pronta y eficiente de dos penales en Huacho, para lo cual la presidenta Keiko Fujimori ha entregado esta semana un terreno de dos mil 600 hectáreas, será una prueba de fuego para este gobierno que parece que a diferencia de todos los anteriores, se está tomando en serio la lucha contra la criminalidad y ese tremendo relajo que han sido las cárceles del país, donde las mafias hasta mantenían malogrados los equipos de detección de artículos prohibidos, pues no encuentro otra explicación viable a esta situación.
Esos nuevos penales tienen que salir ya, pese a la tramitología y las trabas que siempre existen en nuestro país para levantar edificaciones importantes. Si estamos hablando que la propia mandataria y sus ministros están impulsando esta obra, entiendo que no habrá pretexto para que el proyecto naufrague como el fallido reclusorio de Ica, que es un monumento al abandono y a la desidia de las autoridades para luchar contra la extorsión desde las cárceles, que tiene como caldo de cultivo al hacinamiento y la falta de control.
Esos reclusorios son una gran necesidad en la lucha contra la inseguridad y para proteger la vida de los ciudadanos, pero si queremos mirar este proyecto desde una óptica más política, si las obras e implementación de esas cárceles no se concretan, desde la izquierda arcaica y obstruccionista van a tener el insumo perfecto para atacar y hasta pedir la vacancia de la mandataria, tal como ya lo viene promoviendo la diputada Catherine Palomino (Juntos por el Perú), por órdenes del golpista Pedro Castillo.
No tengo la menor duda de que JP y sus aliados están esperando que fracase la construcción de penales, así como la lucha contra la criminalidad, la solidez de la moneda, la economía y hasta los esfuerzos de última hora que se vienen haciendo ante los efectos de El Niño debido el abandono de administraciones anteriores, y todo lo que ande bien, para salir con el dedo acusador a tomar el nombre “del pueblo” a fin de exigir vacancias, adelantos de elecciones y cualquier otra pachotada en un país que necesita estabilidad.
Estoy seguro que Roberto Sánchez y los senadores y diputados que maneja a su antojo están esperando las imágenes de las obras abandonadas de estos penales de Huacho, o de los piuranos y tumbesinos sin casas, sin puentes y con el agua hasta el pecho como efecto de El Niño, para criticar con la autoridad que no tienen, pues su “referente” de buen manejo del país no es otro que el gobierno inepto y putrefacto del recluso Castillo. Qué vergüenza.