Opinión

Juegos de guerra en la península de Corea

​Desde ayer, fuerzas combinadas de Estados Unidos y Corea del Sur realizan ejercicios militares en las costas de la península de Corea, creando un ambiente nada favorable para la paz y la tranquilidad mundiales

22 de Agosto del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Desde ayer, fuerzas combinadas de Estados Unidos y Corea del Sur realizan ejercicios militares en las costas de la península de Corea, creando un ambiente nada favorable para la paz y la tranquilidad mundiales. Es verdad que se trata de operaciones de carácter táctico establecidas con anticipación conforme al calendario de actividades castrenses conjuntas que desarrollan ambos países desde 1976, luego de que sellaran su alianza al final del armisticio -paz no declarada- en 1953, pero también lo es que en el marco de la actual coyuntura internacional constituyen una firme provocación al régimen de Kim Jong-un en Corea del Norte. Conociendo el temperamento explosivo del líder norcoreano, parece que a la Casa Blanca eso no le importa, y se equivoca. En primer lugar, Pyongyang y Washington cuentan con mandatarios inusitados y cargados de apasionamiento que podrían adoptar decisiones febriles, es decir, no pensadas con la objetividad para medir el impacto de sus consecuencias. Esta situación es grave y genera un contexto de permanente inestabilidad, porque pueden decidirse reacciones de alcance letal, siempre con perjuicio para todos, quizá para unos más que para otros, pero al final para todos. En segundo lugar, China y Rusia, las otras dos potencias que tienen mucho que decir y que ver en la seguridad del planeta -son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU junto a Estados Unidos, Francia y el Reino Unido-, han desaprobado dichos ejercicios militares -por su impertinencia-, que en conjunto han movilizado a casi 70 mil soldados. El pedido de ambos países de suspender las maniobras tiene el propósito de neutralizar la exacerbación de los ánimos y, por tanto, el contexto que podría desencadenar un escenario belicista en esa región. Donald Trump y Kim Jong-un saben de sobra que una iniciativa de guerra podría ser el inicio de un temido proceso de involución de la humanidad que nos vuelva a los estadios iniciales de la civilización, y no estoy exagerando. Mientras tanto, el mundo sigue viviendo horas de profundo hermetismo.

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