Keiko Fujimori, presidenta en ejercicio, señaló el pasado 22 ante la Asamblea General de la ONU: “el Perú venció al terrorismo”, pero “tras más de tres décadas después, los miembros de las fuerzas del orden, que cumplieron esa misión, siguen enfrentando procesos judiciales”, habiéndose transgredido el debido proceso.
La presidenta del Poder Judicial, Janet Tello, declaró su malestar porque se cuestiona la independencia de poderes, uno de los pilares de la democracia.
Alberto Fujimori expresidente ya fallecido, recibió 25 años de prisión como autor mediato de violaciones a los derechos humanos durante su gobierno, por los casos Barrios Altos y Pativilca, en 1991; La Cantuta y El Santa, en 1992.
Según “Ojo Público”, 104 inculpados por supuestas violaciones de derechos humanos, han presentado solicitudes para acogerse a prescripciones de los delitos, o amnistías, gracias a leyes dadas desde el Congreso anterior.
Hay procesos que por ejecuciones extrajudiciales y esterilizaciones forzadas, llevan más de 30 años sin sancionar responsables. Los acusados están libres.
Pero Fujimori, a diferencia de Lula y otros presidentes, olvidó el escenario en que se encontraba, llevando al escenario mundial temas que pudieron pasar por domésticos. El escenario internacional en guerra y conflictos por combustibles a escala mundial, incluyendo amenazas de alguna potencia y el acogernos al Escudo de las Américas, reabren la vieja doctrina Monroe, y amenazan la paz internacional y la soberanía de los países.
En este escenario Keiko Fujimori mostró, nuevamente, la pequeñez de su discurso y de su propuesta. Nos esperan cinco años de mediocridad y represión.
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