Opinión

La bravata del carnicero

Columna: IVÁN SLOCOVICH

07 de Diciembre del 2017 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Para los que habían olvidado voluntaria o involuntariamente las bravatas del terrorismo, ahí tienen al cabecilla senderista Abimael Guzmán lanzando una amenaza contra la procuradora Sonia Medina durante el juicio que se le sigue por el brutal atentado cometido en la calle Tarata hace 25 años; por lo que es de esperarse que las autoridades le impongan de inmediato las sanciones que corresponden de acuerdo a ley.

Es la tercera vez que el sanguinario terrorista tiene una actitud similar en este proceso, de modo que ya sería necesario aplicarle una medida que le haga ver que está frente a la autoridad de un Estado y no ante los salvajes con el cerebro lavado que por años lo siguieron y fueron partícipes de la ola de crímenes y ataques que desataron contra el Perú desde inicios de los años 80, cuando iniciaron ese absurdo denominado “lucha armada”.

Un Estado con los pantalones bien puestos no puede permitir que un criminal como Guzmán -sobre quien pesa ya una cadena perpetua- venga a hacer lo que le dé la gana, como si estuviera en una reunión clandestina del comité central de Sendero Luminoso, esas en las que totalmente borracho se ponía a bailar “Zorba el griego” y ordenaba tal o cual atentado, como sucedió en la brutal matanza de los 69 compatriotas de Lucanamarca.

Habría que ver qué dicen los que prefieren ver a Guzmán y a sus seguidores como “mansas palomas” ahora que públicamente ha amenazado a la procuradora Medina. ¿Lo seguirán mostrando como viejito inofensivo?, ¿insistirán en su teoría de que quienes recuerdan la ferocidad de este criminal le hacen el juego al fujimorismo? Ahí tienen, entonces, a su “luchador social”, al que según ellos hacía “política” desde Sendero Luminoso con balas y dinamita.

Recordemos que la bravata de Guzmán no viene sola. Días antes, vimos cómo su gente ponía trapos sucios con inscripciones en su defensa, al tiempo que el mausoleo de Comas sigue en pie y el delito de apología del terrorismo permanece como letra muerta en nuestra legislación. Está en manos de las autoridades judiciales decirle al criminal mayor del Perú quién manda acá. ¿Lo veremos en la próxima diligencia?

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