La transgresión, el desprecio hacia la institución policial (que es, según dicta su Himno, “pueblo hecho ley”), el dominio territorial, la apropiación ilícita de la propiedad privada, el vehemente deseo de infundir terror y la multiplicación inmediata de riquezas, entre otras variables, comprenden la mentalidad criminal. El director estadounidense Howard Hawks, además de Scarface-Cara cortada (1932), o El código penal (1931), tiene una película sobre el crimen, que nos sirve de base para pensar el desborde de la criminalidad en el Perú. Para insertarnos en el ambiente de la película, La ciudad sin ley (1935) transcurre en la ciudad de San Francisco durante la “fiebre del oro”. La ciudad se distingue por la numerosa presencia de bandidos, asesinatos planificados y el paulatino crecimiento de una banda criminal que desgarra la tranquilidad de la ciudad. En ese turbio ambiente, ¡la única resistencia es periodística! Los diversos artículos del periódico, advirtiendo el colapso de la ciudad por el crimen organizado, obtienen una represalia. El periodista es asesinado y mientras agoniza dice: “la ciudad no puede existir sin ley y orden”. Luego de la injusta muerte, el pueblo se une para traer ley y orden y organiza un cuerpo armado y permanente para enfrentarse a los criminales. Hawks desentraña la naturaleza de la mentalidad criminal, penetra en la psicología del delincuente y demuestra que, en una sociedad corrompida moralmente, la probabilidad de que florezca el crimen es mayor, pero principalmente, Hawks,demuestra que un cuerpo legítimamente constituido que administre y aplique la fuerza para restaurar el orden interno y garantizar la paz pública, es indispensable.
LA CIUDAD SIN LEY, columna de Alejandro Martorell
Licenciado en Ciencia Política