El próximo 28 de julio, Keiko Fujimori pronunciará su primer mensaje a la Nación. Será el momento de presentar las primeras señales sobre el rumbo político de su gobierno. En política, como en el fútbol, los buenos jugadores se muestran desde los primeros toques del balón.Sin embargo, mientras el Ejecutivo prepara su estreno, la verdadera disputa por el poder se desarrolla en el parlamento.
En el Congreso se libra una batalla silenciosa por la elección de las mesas directivas de las Cámaras de Diputados y del Senado.
Era tradición que el partido ganador de la Presidencia también dirigiera al Parlamento que significaba conducir la agenda legislativa, ordenar los debates, administrar los tiempos políticos y ser el músculo político del partido de gobierno.
En cuestión de horas, apareció inesperadamente una “combi política”, un vehículo donde distintos pasajeros decidieron subirse con un mismo destino: impedir que el oficialismo concentre el control del Congreso.
No importa demasiado si sus integrantes provienen de tradiciones ideológicas diferentes o si hace algunos meses eran adversarios. “Salvo el poder todo es ilusión”.
En la Cámara de Diputados, el bloque articulado por Jorge Nieto, acompañado por Ricardo Belmont, Roberto Sánchez y López Chau, habrían logrado reunir 74 votos, suficientes para conducción de la Mesa Directiva. En el Senado, el escenario resulta dramático: un empate de 30 votos por lado. Si se confirma, el gobierno de Keiko Fujimori enfrentaría su primera derrota política.
No porque pierda una votación cualquiera, sino porque el Congreso dejaría de ser un espacio de predominio oficialista y fujimorista en muchos años.Paradójicamente, esta situación también representa una prueba de madurez democrática. Un Ejecutivo sin control absoluto del Parlamento está obligado a dialogar, persuadir y construir consensos.
La política deja de ser un ejercicio de imposición para convertirse en un permanente equilibrio de fuerzas como sugiere Jorge Nieto.
La elección de las mesas directivas definirá, sobre todo, quién marcará el ritmo de la agenda legislativa y qué tan cómodo será el camino del nuevo gobierno.