Conforme nos vamos acercando al domingo 12 de abril, fecha de la primera vuelta electoral, parece que los nervios vienen afectando a Rafael López Aliaga, un candidato que parecía seguro en segunda vuelta, pero que gracias a sus propios descalabros habría perdido la punta de las preferencias electorales, de acuerdo a las últimas encuestas, que ven en riesgo su presencia en el balotaje.
En los últimos días hemos visto cómo el propio López Aliaga ha venido disparándose a los pies. El perder los estribos e insultar a personas que rechazan su candidatura como lo hizo en la ciudad de Talavera, Andahuaylas, ha sido el último episodio en la seguidilla de fallos que dejan mucho que desear de alguien que aspira a dirigir un país tan convulso como lo es el Perú.
Sí, el candidato presidencial de Renovación Popular fue agredido –lo cual condenamos– y tuvo una reacción a ello, pero pudo responder como estadista, llamando a la calma y al diálogo, recordando que si es elegido gobernará para todos, incluso para aquellos que le arrojaron huevos, pero prefirió insultar y denigrar a los que no comulgan con sus ideas y lo cuestionan.
Estando a ocho días de las elecciones generales, los candidatos deberían estar afianzando sus mensajes y propuestas, tratando de seducir a indecisos, no insultando. Quienes aspiran a conducir el país, deben entender la magnitud de lo que está en juego.