Opinión

La corrupción necesita su santo

COLUMNA: JAIME ASIÁN

23 de Julio del 2018 - 07:00 Jaime Asián Domínguez

Si México tiene a Jesús Malverde, el “Santo de los Narcos”, en cuya capilla de Culiacán, la capital del azaroso estado de Sinaloa, a ritmo de pegajosos corridos y arreglos florales día y noche se agradecen “milagros” de todo calibre, como el pase por la frontera de un cargamento de droga a Estados Unidos, en el Perú solo falta sincerarnos, imitar este ejemplo y que la corrupción tenga su santuario.

Palabra que sí. Y candidatos para subir a ese trono tenemos un montón, sobre todo en el ámbito político, ayer, hoy y siempre una fuente inagotable de personajes que se alimentan de la venta de su alma, la coima, la mermelada, el faenón, la aceitada, el “negociazo”, los “diez verdecitos” y demás modalidades del delito que socavan moral y éticamente al otrora predio del ama sua (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso) y ama quella (no seas ocioso).

Estamos seguros de que, como ocurre frente al busto de Malverde, el “Santo de la Corrupción” en nuestro país tendría una lluvia de fieles devotos, entre ellos los protagonistas de los “CNMaudios”, el anfitrión de la salita del SIN y todos los que pasaron por ahí por su marmaja, y la retahíla de susodichos que se dejó romper la mano y los bolsillos por las empresas OAS y Odebrecht, entre otros.

El dilema vargasllosiano ¿en qué momento se jodió el Perú? parece que ya tiene respuesta y la encontramos en el raciocinio del antropólogo Ramón Mujica: “La pregunta no es cuándo, sino quiénes han jodido al Perú”. Bueno, pues, ya sabemos quiénes son.

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