Opinión

La herencia de la basura

Así como absurdo es que nadie haya podido dar en el clavo para ponerle punto final a la suciedad.

21 de Febrero del 2019 - 08:58 Renato Sandoval

Es curioso que las dos últimas gestiones municipales en Trujillo hayan tenido o tengan problemas con la limpieza de las calles y el recojo de la basura. Así como absurdo es que nadie haya podido dar en el clavo para ponerle punto final a la suciedad.

Cuando Elidio Espinoza asumió las riendas de la ciudad comenzó el sabotaje de algunos miembros del Servicio de Gestión Ambiental de Trujillo (Segat). Este ente desconcentrado servía de refugio de los militantes y simpatizantes de Alianza para el Progreso (APP).

El Segat fue creado por la administración de César Acuña y fue su mejor legado en las dos gestiones frente a la municipalidad de Trujillo. Las cosas iban tan bien que hicieron olvidar las calles sucias de la gestión de Pepe Murgia.

Este organismo público descentralizado era como aquella escoba que deja la basura debajo de la alfombra. Por un lado, tenía hechas un anís las vías citadinas; por el otro, acumulaba deudas impagables por el servicio del mantenimiento de parques y jardines. Sedalib fue su víctima.

Los millones de soles de deuda a Sedalib por el servicio de agua no eran cobrados con mayor énfasis porque APP también manejaba dicha empresa. Por lo tanto, no se pisaban la cola. Pero, esto cambió una vez culminado el periodo municipal.

Elidio Espinoza no es santo de mi devoción, pero hay que ser francos, la deuda fue heredada. Sedalib empezó por cortarle el suministro del líquido para regar parques y el Segat comenzó a renguear por carencias en su maquinaria. Todo iba de mal en peor.

Charles Paredes, el sindicalista del Segat que con la gestión del apepista Kenny Heredia todo lo ve color de rosa, fue un acérrimo opositor de Espinoza. Cuando en la municipalidad se dieron cuenta que no podían subvencionar más al Segat, comenzó la guerra desde ambos lados.

El alcalde decidió tercerizar el servicio de recojo de basura años antes que se concrete la concesión a Trujillo Limpio. Lamentablemente, no supo comunicar sus carencias ni sus ideas. Ya mucha gente le detestaba. Aun así, logró su cometido.

Pero, Elidio Espinoza no defendió con ahínco los intereses de la ciudad al tratar de ocultar el contrato con la concesionaria. Daniel Marcelo heredó el cojo servicio de limpieza. El resto es el presente de nuestras vidas.

El alcalde empezó mal al atacar a Trujillo Limpio en vez de negociar su salida. ¿Cómo se mantuvo tres periodos en La Esperanza? Ingenuo, se dejó llevar por quienes le calentaron la oreja sugiriéndole patear el tablero para ganar puntos. Al final, se fue a la guerra con un tenedor y, obviamente, la está perdiendo.

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