Opinión

La honestidad es buen negocio

COLUMNA: Rolando Rodrich

27 de Marzo del 2018 - 07:00 Rolando Rodrich

Todos quieren refundar esta nación; es un buen deseo que solo termina siendo una metáfora. Se parece a la noche de Año Nuevo, en que deseamos un borrón y cuenta nueva, poner el contómetro en cero, olvidar el pasado, ignorar la realidad. Sin embargo, bien sabemos que eso no es posible, por más que cambiemos de presidentes, de ministros, y de todos los que siguen en la lista de corruptos, que son los que nos tienen en esa marejada. Por ahora, solo se adelantó a PPK entre los pendientes receptores de dinero de Odebrecht, Fujimori y García. Ya van en la delantera Humala y Toledo. La crisis y sus convulsiones no cesarán mientras tanto.

Tres días antes de la caída de PPK, Rosana Cueva decía que estamos en un problema de desafección política. Nunca como antes a la gente le tiene sin cuidado lo que ocurre en territorios del Gobierno y la vida pública. Se explica así cómo es que mientras se destronaba a un Presidente de la República, las redes y los medios se divertían con memes y otras ocurrencias. Tan previsible es el comportamiento que se espera de los políticos y los funcionarios públicos, que ya nadie abre la boca de asombro. Eso apena y preocupa. Y los que se desgañitan buscando soluciones, aquellos que saben qué había que hacer cuando ya se hundió el barco, son extremistas. Pocos establecen relación entre la epidemia de corrupción y la pobreza en el país, entre el saqueo del dinero público y la mala, escasa o ninguna educación, salud, carreteras, seguridad, etc., entre las poblaciones menos favorecidas. Cada sol mal habido en los bolsillos del coimero es un sol menos para pagar maestros, médicos, policías. ¿Y quiénes eligen a los pendejos como Mamani, a los plagiadores, a los falsificadores de títulos universitarios, a los analfabetos? No son los privilegiados de este país. Nada, los que eligen a sus verdugos son los mismos degollados. Este es un problema de largo plazo. Comienza en cada uno, en cada familia, en cada núcleo pequeño que tiene que irradiar una cultura donde ser honesto es más ventajoso que delinquir. 

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