Opinión

​La Iglesia y los malos elementos

Columna de Iván Slocovich Pardo

20 de Enero del 2018 - 07:05 Iván Slocovich

El Perú es por estos días muy generoso con el papa Francisco, quien ayer estuvo en Puerto Maldonado y hoy visitará Trujillo. El fervor de la gente es inocultable. El Sumo Pontífice es querido por la gran mayoría de este país eminentemente católico. Sin embargo, eso no quita que haya mucho descontento con la Iglesia, y una de las razones de esto es la conducta y los delitos de malos elementos que jamás deben ser protegidos por las sotanas.

Los abusos a menores de todo tipo por parte de sacerdotes y miembros de instituciones reconocidas por la Iglesia no pueden ser pasados por alto, como sucedía en el pasado, en que violaciones sexuales, tocamientos y sometimientos eran ocultados bajo las alfombras, con la venia de las altos jerarcas que creían en esa infame frase que dice: “Se perdona el pecado, pero no el escándalo”. Esto no debe repetirse nunca más.

La Iglesia católica debería ser la primera interesada en marcar distancia con los malos elementos, no solo a través de frases de “perdón” que pueden ser muy necesarias, pero no suficientes. Acá lo que hace falta es señalar a los culpables, separarlos y ponerlos a disposición de la justicia, pues los delitos penales como las violaciones sexuales y abusos en general se pagan con cárcel y no con encierros, penitencias, retiros y el rezo de mil padrenuestros y quinientas avemarías.

Acá en el Perú tenemos el indignante caso del Sodalicio de Vida Cristiana, que hace mucho tiempo debió ser sancionado con todo el rigor de la ley peruana y no con “retiros” en Roma como el que “padece” su fundador, Luis Fernando Figari, con la venia de la Iglesia, que recién con la venida del Papa a nuestro país parece tener intención de hacer algo. Sin embargo, se ha avanzado muy poco para sancionar a los responsables de los abusos denunciados.

El Perú quiere al papa Francisco, es evidente. Las calles lo dicen. Pero no debe de dejarse de exigir sanción penal inmediata para los sacerdotes y personajes como los sodálites que se han convertido en malos elementos de una Iglesia que no tiene por qué ensuciarse con los delitos e inconductas de algunos que hace tiempo deberían estar afuera. El “espíritu de cuerpo” ha sido un gran error que, de seguir vigente, puede tener consecuencias aún más nefastas para el catolicismo.

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