Al presidente del Senado, Miguel Torres, no le falta razón al afirmar que nunca hubo luna de miel para el gobierno de Keiko Fujimori, a quien no se le ha dado tregua para mover la locomotora sobre el fenómeno El Niño (FEN), la inseguridad ciudadana y el desorden del Estado. Y, claro, su decreciente aprobación se debe a la expectativa que generó la experiencia política de Fuerza Popular (FP).
Marketearse en campaña como un gobierno con vasta experiencia gubernamental le otorgó votos. Sin embargo, esa misma estrategia le está pasando factura a FP convirtiendo sus fortalezas en debilidades. Por ejemplo, la gente creyó que, de un zarpazo, el nuevo Ejecutivo iba a frenar el avance delincuencial. Pero, desde que asumió la administración del país suman más de 140 las muertes a manos del crimen.
La delegación de facultades para legislar sobre la inseguridad ciudadana va retrasada por los vericuetos políticos de la izquierda. No obstante, eso no es impedimento para que haya un cambio en la estrategia contra el crimen organizado. Además, por la experiencia política de FP, se suponía que este sería el recibimiento de la cámara de Diputados, donde no tiene mayoría.
Las acciones sobre el FEN son todavía especulativas. No se sabe si ha actuado de manera diligente, aunque las predicciones de las lluvias y los desbordes buscarán responsables en el Ejecutivo. Ya no habrá opción de culpar al anterior gobierno porque, aunque tengan toda la razón, la ciudadanía apelará al buen recuerdo del fujimorismo frente a los desastres naturales en los noventa.
La responsabilidad de ordenar el Estado es otra tarea complicada que tampoco guardará tregua porque, se suponía, también había mucha experiencia al respecto.
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