Opinión

LA MÁS SERIA AMENAZA VERBAL NORCOREANA

​La suelta declaración del director de la CIA, Mike Pompeo, quien refiriéndose al gobierno del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, acaba de expresar que “en cuanto al régimen, espero que encontremos una forma de separarlo de este sistema”, ha merecido una explosiva respuesta, también verbal, pero trágicamente elocuente de un vocero de Pyongyang, la capital norcoreana, que seguramente por directa instrucción del hermético y misterioso gobernante, no ha tardado en proferir la que sería la mayor amenaza verbal sobre EE.UU. desde que Jong-un asumió el poder a la muerte de su padre en 2011.

26 de Julio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La suelta declaración del director de la CIA, Mike Pompeo, quien refiriéndose al gobierno del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, acaba de expresar que “en cuanto al régimen, espero que encontremos una forma de separarlo de este sistema”, ha merecido una explosiva respuesta, también verbal, pero trágicamente elocuente de un vocero de Pyongyang, la capital norcoreana, que seguramente por directa instrucción del hermético y misterioso gobernante, no ha tardado en proferir la que sería la mayor amenaza verbal sobre EE.UU. desde que Jong-un asumió el poder a la muerte de su padre en 2011. 

Para los coreanos comunistas adiestrados desde temprana edad, Kim es un personaje con características mesiánicas, llegándose al extremo de rendirle culto, tal como se hizo con su padre, Kim Jong-il, y su abuelo, Kim Il-sung. Sorprende, entonces, que el jefe del servicio de inteligencia estadounidense revele suelto de huesos las que serían pretensiones de la Casa Blanca. No es estratégico mostrar las cartas, pues ese torpe reporte puede merecer una reacción insospechada. El vocero norcoreano ha sido tajante: “Si EE.UU. muestra siquiera una señal de que podría intentar quitarle el liderazgo a nuestro líder supremo, atacaremos sin piedad el corazón de EE.UU. con nuestro poder nuclear”. La idea norcoreana es lograr la penetración del miedo colectivo en un país que desde 2001 no ha podido superar el shock traumático derivado del atentado de Al Qaeda. Está claro que Kim podría mostrarse más violento que nunca si confirmara una conspiración para derrocarlo, pues estamos atendiendo a uno de los personajes más siniestros del planeta y conocerlo se vuelve una imperiosa necesidad. Es probable que Washington tenga un perfil todavía confuso sobre Kim y, derivado de ello, no cuente con una idea cabal de su reacción, por lo que las desatinadas palabras de Pompeo llaman poderosamente la atención. Para neutralizar o acabar con Jong-un, no hay que decirlo, solo hacerlo.

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