Opinión

La Mesa Directiva

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

04 de Julio del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Irónico y hasta algo risible que el congresista de Peruanos Por el Kambio (PPK) Gilbert Violeta haya dicho que el fujimorismo pretendió “dividir” a su bancada -o a lo que queda de ella- al haber tomado contacto con algunos de sus integrantes, especialmente con los que vienen de provincias, a fin de tentarlos para ocupar una de las vicepresidencias de la Mesa Directiva que entrará en funciones este fin de mes.

Si algo debe tener en cuenta el congresista Violeta, tal como ha señalado ayer en un tuit la legisladora fujimorista Lourdes Alcorta, es que su bancada jamás estuvo unida, ni siquiera cuando recién se produjo la elección del renunciante expresidente Pedro Pablo Kuczynski y debía dar soporte político a una administración débil y sin mayoría en el Congreso. Es difícil que se haya pretendido “dividir” algo que jamás estuvo cohesionado.

Es obvio que el fujimorismo intentó hacer un trabajo político y mover sus fichas a fin de tener a un “ppkausa” en la Mesa Directiva que pretende seguir encabezando. Estaba en su derecho. Y ante esto, la bancada de Violeta lo mejor que ha podido hacer es responder de manera cohesionada como sucedió ayer, y no con quejas y acusaciones de que se buscó fraccionarlos ante la proximidad de la elección del nuevo presidente del Congreso y sus vicepresidentes.

De otro lado, sería bueno que los de Peruanos Por el Kambio comiencen por definir si son “oficialismo” o no, si van a ser el respaldo parlamentario del presidente Martín Vizcarra o no, pues a juzgar por las declaraciones de algunos de sus miembros, parece que más bien se han puesto en la otra orilla al no perdonar que el Mandatario haya reemplazado a Kuczynski porque así lo establece la Constitución.

Si la bancada “oficialista” (así, con comillas) no está dispuesta a compartir la próxima Mesa Directiva del Congreso con el fujimorismo, por el motivo que sea, está en su derecho, y así lo ha expresado ayer el congresista Violeta, tal como se espera de una organización política que aspira a ser seria y sólida, y donde sus integrantes actúan de manera disciplinada. Es momento de que empiecen a actuar de esa manera. Las quejas y reclamos sirven de poco o nada.

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