Opinión

La pena muerte sí disuade: ¡Decídanla!

Mi insistencia para decidir la aplicación de la pena de muerte en el Perú no se detendrá.

08 de Julio del 2018 - 08:08 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Mi insistencia para decidir la aplicación de la pena de muerte en el Perú no se detendrá. Esta es mi cuarta columna en menos de siete meses invocándola, pues estoy convencido de que su sola aprobación hará pensar al potencial violador de que su abominable instinto, sumergido en la bajeza humana, terminará con su eliminación por una sociedad que lo repudia. La sola actitud de los depravados de pensar dos veces las consecuencias de la comisión del delito significa que la disuasión es una realidad, algo que los caviares niegan a pesar de conocer que en otros países es eficaz como sucede en Irán, Singapur, EE.UU., etc. Estando advertidos de que morirían por violar a indefensos menores de edad, que por los estragos de la violación fallecen o terminan asesinados por el propio victimario en la idea de no dejar rastros, los violadores frenarán su diabólica conducta. Extender el presupuesto penal en la Constitución Política es un asunto del puro derecho interno peruano, que no debe ser consultado con nadie ni nada. Sin tener que dar explicaciones, soberanamente debemos denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos (Art. 78) y no creamos aquella mentira del tamaño de una montaña que dice que, por salirnos del instrumento, seremos sancionados. ¿Cuál sería el sentido de que la norma jurídica internacional contemple la denuncia o proceso para desligarse de una ratio vinculante, entonces? No engañen a la gente.

Tengamos presente que el aumento de violaciones y feminicidios en el país está generando un escenario propicio para la anarquía social, lo que sería muy grave al cundir la idea de la impunidad, lo que a su vez va creando condiciones explosivas para el hartazgo colectivo, que sería muy riesgoso. La criminalística ya ha establecido que hay conductas delincuenciales adquiridas gravísimas no recuperables, concluyendo que un hombre que destroza la vulva o la cavidad pélvica de un infante conservará su monstruoso instinto sin ningún ápice de remordimiento, y lo volverá a hacer apenas cuente con las circunstancias para ello. No perdamos más tiempo del que ya pasó. Carácter para hacer justicia es lo que falta en el país.

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