Las elecciones en Alemania muestran el complicado tablero político que enfrenta el país, cuyas consecuencias pueden alcanzar a toda la Unión Europea. En Berlín, Die Linke obtuvo por primera vez el primer lugar, con el 25,7 % de los votos. Por otro lado, Alternativa para Alemania (AfD) se impuso en Sajonia-Anhalt, con el 43,8 %, y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, con el 38,2 %. El descalabro de la histórica CDU añade presión al Gobierno nacional de Friedrich Merz.Para que Die Linke gobierne Berlín, requerirá el apoyo de socialdemócratas y verdes, algo que no será sencillo si se considera que una de sus propuestas bandera es la expropiación de grandes consorcios inmobiliarios. Si las negociaciones fructifican, sería la primera vez desde la reunificación que la alcaldía de Berlín no queda en manos de la CDU o del SPD.Para AfD, la situación es aún más complicada. Pese a sus victorias, los demás partidos buscan acuerdos para evitar su llegada al gobierno. El famoso “cordón sanitario” podría mantenerla, una vez más, al margen del poder.Uno de los principales focos de controversia en torno a AfD es la “remigración”. Oficialmente, el partido sostiene que se refiere al retorno de extranjeros sin derecho legal de permanencia. Sin embargo, declaraciones de algunos dirigentes han alimentado un debate mucho más profundo sobre identidad, ciudadanía e integración. A ello se suma su posición favorable a reorientar la política alemana hacia Rusia y contraria al apoyo a Ucrania.Alemania fue durante décadas sinónimo de estabilidad, moderación y grandes consensos.
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