Opinión

La política y el corazón

COLUMNA: JAIME ASIÁN

16 de Septiembre del 2019 - 07:00 Jaime Asián Domínguez

A la política nuestra le falta corazón, qué duda cabe. “Tratemos de ver con el corazón”, recomendaba el pianista austriaco Franz Liszt. Y es que un accionar sin corazón, como el que muestra a diario la mayoría de autoridades, necesariamente terminará en una taquicardia para el pueblo, cuando no en un infarto agudo de miocardio. El “¡que se vayan todos!” es un paro cardiaco masivo que hay que atender con urgencia.

Juan Pablo II había adelantado que “la peor prisión es un corazón cerrado”. De esos duros, como una piedra, que abundan. Así las cosas, y porque lo que dice Karol Wojtyła es santa palabra, gran parte de los políticos peruanos está tras los barrotes de su propia humanidad, pugnando -eso sí- por no entrar en la sombra de la cárcel efectiva, aunque algunos ya fueron sometidos al castigo de la prisión preventiva.

¿O no es falta de corazón jugarle sucio al país entregando megaobras a cambio de chancaca, mermelada, coima, faenón o como se llame? Sí. ¿O no es adolecer de corazón cobrar sin hacer nada, como ocurre con varios congresistas? Claro que sí. ¿O no es ausencia de corazón dejar que los recién nacidos mueran por escasez de incubadoras? Desde luego que sí.

El corazón tiene como una gran aliada a la sensibilidad. No conmoverse ante la anemia y el frío de todos los años en el sur del país implica que la clase política ha perdido casi todo. Con razón Einstein dejó por sentado que “el problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón”, esa bombita que hace diástole y sístole para irrigar la vida y salud.

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