Opinión

La presencia del saavedrismo

COLUMNA: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

11 de Abril del 2019 - 07:30 Martín Santivañez

La crisis de la educación peruana es incomprensible sin el saavedrismo. El saavedrismo es una corriente política e ideológica que adquiere fuerza durante la gestión del ministro Saavedra en dos sucesivos gobiernos. Bajo el pretexto de una modernización tecnocrática, el saavedrismo apostó por tres vectores: la reforma de la administración educativa con la introducción de criterios economicistas, la introducción de la ideología de género y la formación de una nueva memoria histórica fuertemente ideologizada. Los cuadros del saavedrismo coparon el Minedu y buscaron aplicar su programa político disfrazándolo de modernización estatal. La partidocracia fue incapaz de reconocer el elemento ideológico y el apoyo del mercantilismo educativo sostuvo al ministro por varios años. Sin embargo, el evidente sesgo socio-liberal del saavedrismo fue rápidamente identificado por los padres de familia católicos y cristianos.

Esto no es de extrañar. La experiencia religiosa está acostumbrada a señalar el peligro de las herejías y ciertas ideologías tienen una fuerte matriz herética. Toynbee, por ejemplo, señaló el paralelismo marxista con las viejas herejías, y la ideología de género tiene una clara raíz gnóstica.

Por eso el enfrentamiento entre el cristianismo militante y el saavedrismo ha sido una guerra sin cuartel. Saavedra se fue, pero el saavedrismo supérstite mantuvo su poder incólume en las gestiones de Martens y Alfaro. El breve interregno de Vexler fue insuficiente para desmontar su maquinaria. Hoy, Flor Pablo es la cuarta espada del saavedrismo y el conflicto ha entrado en una etapa definitiva, pues se han expuesto los resultados palpables de los tres vectores saavedristas: ineficiencia en la gestión, manuales de dudosa moralidad y una narrativa izquierdizante. Con esto el Perú tiene que lidiar. 

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