Opinión

LA PRESIDENCIA DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU VUELVE AL ÁFRICA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

06 de Junio del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Hace 48 horas ha sido elegido nuevo presidente de la Asamblea General (AG) de las Naciones Unidas el diplomático nigeriano Muhammad-Bande, quien asumirá la alta membresía para su país y el continente africano el próximo mes de setiembre del 2019. Se trata del más importante cargo de la ONU. Lo voy a explicar. Con frecuencia suele creerse erradamente que el de secretario general es el de mayor status en la organización. Eso es un error. La ONU cuenta su mayor y más importante órgano en la AG, donde funciona la regla de la horizontalidad entre todos los miembros que la componen, que son en buena cuenta los 193 Estados parte de la Carta de San Francisco (1945). En la AG, las relaciones son planas, de igualdad como característica preeminente entre todos los Estados, y esa dinámica es parte del éxito de la organización. Conforme el Reglamento de la AG, esta cuenta con un presidente -hasta setiembre la representante de Ecuador, la embajadora María Fernanda Espinosa (en 1960 lo fue el eminente diplomático peruano Víctor Andrés Belaunde) y a partir de ese momento el embajador Muhammad-Bande-, y 21 vicepresidentes que muy bien organizados contribuyen con el presidente en las diversas tareas que tendrá por un año la presidencia de la AG. El secretario general de la ONU, en cambio, es el representante administrativo más importante de la ONU, pero que, en la práctica, luego de la sesión del pleno de la AG, se convierte en el funcionario de mayor visibilidad en la organización y asume de pleno las tareas de representación del mayor foro político del planeta. Eso ha hecho que la figura del secretario general sea reconocida en diversas partes del mundo considerando que cumple tareas específicas que emanan del mandato de la propia AG. La presidencia de la AG es rotativa y por áreas geográficas. Esta vez le ha correspondido al continente africano que decidió nominar al diplomático nigeriano con candidatura única -como debe hacerse siempre aunque no sea una regla estatuida-, lo que llevó a que fuera elegido por el método de la aclamación, como ha sucedido con su elección el pasado martes 4 de junio.

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