Los recientes sismos registrados en Venezuela, Colombia y Perú vuelven a recordarnos una verdad incómoda: vivimos sobre un territorio que tiembla y, pese a ello, seguimos actuando como si los grandes terremotos fueran acontecimientos lejanos que siempre les ocurren a otros.
El Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha insistido en la necesidad de fortalecer la preparación de la población. Hernando Tavera, presidente de esta institución, lo ha resumido con claridad: “Los sismos han ocurrido y seguirán ocurriendo. Nadie podrá evitarlos. Debemos prepararnos para afrontarlos”.Y a parte de las mochilas de emergencia y la revisión de la construcción de nuestras viviendas hay otra herramienta fundamental que muchas veces tomamos a la ligera: los simulacros. Participar seriamente en ellos permite convertir una reacción instintiva en una respuesta organizada. No son una pérdida de tiempo ni una actividad burocrática. Son ensayos para una situación real en la que cada segundo puede ser determinante.
Si sabemos que algún día podríamos enfrentar un terremoto de gran magnitud, con viviendas destruidas, personas heridas y eventualmente víctimas mortales, lo mínimo que podemos hacer es prepararnos. No podemos controlar el movimiento de las placas tectónicas, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad.
La prevención no debe comenzar cuando la tierra tiemble. Debe empezar hoy. Porque cuando llegue el próximo gran terremoto no tendremos tiempo para leer instrucciones, preguntar qué hacer o improvisar una evacuación. En ese momento, la diferencia entre la vida y la muerte puede estar en unos pocos segundos.
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