Las advertencias ya no dejan margen para la indiferencia. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima una probabilidad del 81% de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad muy fuerte, mientras que el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) proyecta un 99% de posibilidades de que el evento se prolongue hasta el verano de 2027 con características de fuerte intensidad. Frente a este escenario, el país no puede permitirse reaccionar cuando los desastres ya estén en marcha. La prevención debe convertirse en una prioridad nacional.
Las cifras económicas reflejan la magnitud del desafío. De acuerdo con las proyecciones de Credicorp, un fenómeno de esta intensidad podría generar pérdidas cercanas a los 16 mil millones de soles y reducir el crecimiento económico previsto para este año. Pero detrás de esos números existen consecuencias mucho más profundas: miles de familias que podrían perder sus viviendas, agricultores que verían destruidas sus cosechas, carreteras interrumpidas, escuelas y centros de salud afectados, además de comunidades enteras aisladas por inundaciones y huaicos.
El nuevo Gobierno tendrá la oportunidad de demostrar que la gestión pública puede anticiparse a los problemas y no limitarse a administrar las consecuencias. Porque cuando se trata de fenómenos naturales previsibles, la diferencia entre una crisis manejable y una tragedia nacional suele estar en la capacidad de actuar a tiempo.