El debate sobre la Remuneración Mínima Vital (RMV) en el Perú suele plantearse como si elevar el sueldo mínimo fuera, automáticamente, una mejora para todos los trabajadores. Pero la realidad del mercado laboral peruano demuestra otra cosa: en un país donde más del 70% del empleo es informal, subir la RMV tiene un alcance bastante limitado y, en muchos casos, termina afectando precisamente al pequeño segmento formal que sí cumple la ley. Hoy la RMV asciende a S/1.130 y la propuesta de elevarla a S/1.500 implicaría un incremento cercano al 33%, muy por encima de la inflación acumulada y del crecimiento de la productividad. El problema es que el salario no se sostiene por decreto, sino por la capacidad de las empresas de generar valor y absorber mayores costos laborales.
Las cifras ayudan a poner el debate en perspectiva. Cerca del 44% de trabajadores peruanos gana menos que la RMV vigente y, de ese grupo, más del 90% es informal (apenas 4% es formal) Es decir, millones de personas ni siquiera están dentro del sistema laboral que garantiza el cumplimiento del sueldo mínimo. Por eso, aumentar la RMV no mejora directamente sus ingresos. La mayoría seguirá trabajando fuera de planilla, sin CTS, gratificaciones, vacaciones ni seguro social. Además, en el sector formal, buena parte de trabajadores ya percibe salarios por encima de la RMV. El ingreso promedio formal bordea más del doble del sueldo mínimo. En consecuencia, el aumento beneficiaría directamente a un grupo relativamente pequeño de trabajadores formales que gana exactamente la remuneración mínima o apenas por encima de ella.
¿Quién absorbe entonces el impacto? Principalmente las micro y pequeñas empresas, que representan más del 90% del tejido empresarial peruano y operan con márgenes reducidos y baja productividad. Sectores como agroexportación, comercio, restaurantes y servicios serían los más golpeados. Para muchas empresas pequeñas, un aumento abrupto de costos laborales no se traduce en mayor productividad, sino en menos contrataciones, reducción de personal o mayor informalidad. El problema de fondo del Perú no es que la RMV sea baja, sino que millones de trabajadores permanecen atrapados en un mercado informal, precario y de baja productividad. Mientras no se reduzcan los costos de formalización, no se incentive la inversión y no se mejore la productividad laboral, cualquier aumento fuerte del salario mínimo terminará siendo más un gesto político populista, que una solución.