Opinión

LA REVOLUCIÓN RUSA Y EL CENTENARIO ASOLAPADO

Columna de Miguel Ángel Mackay

12 de Noviembre del 2017 - 07:35 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Estamos en noviembre de 2017 y para los momentos claves de la Revolución Rusa de hace cien años, que fueron los meses de febrero y octubre de 1917, no hubo este año bombos ni platillos. El propio Vladímir Putin se ha hecho de la vista gorda, no obstante constituir uno de los mayores puntos de quiebre en la sociedad internacional contemporánea, definida por la represión y el totalitarismo en los 2/3 del siglo XX que pervivió. Una encuesta reciente entre los jóvenes moscovitas ha desnudado que muy pocos conocen su desarrollo y significado. Es sintomática la falta de interés por este evento que marcó la historia rusa, pues muchas personas están de acuerdo en retirar de la emblemática Plaza Roja la momia embalsamada de Vladímir Lenin (1870-1924), el artífice de la revolución de verdad, que fue la de octubre de 1917. Los bolcheviques arrasaron con el zar Nicolás II y su familia completa. Era indispensable en su lectura para dar el salto cualitativo de una Rusia campesina, que auspiciada por el marxismo contó con el espacio negado por la élite zarista. Lenin era consciente de todo ello. Instauró un régimen durísimo e implacable con cualquier acto que amenazara la revolución. Stalin lo emuló con ganas como el mayor sanguinario que llegó a reportarse en la ya instalada Unión Soviética. Persecutores de la religión con desdén crónico, fueron los mejores años de la revolución el espacio perfecto para los ateos. No se pueden quejar. La revolución les dio talla -aunada a su inobjetable calidad geopolítica dominando gran parte de la plataforma euroasiática- los soviéticos, guste o no a EE.UU., compartieron con los gringos el poder del planeta durante la Guerra Fría, y hasta fueron los primeros en salir al espacio con Yuri Gagarin (1934-1968), el cosmonauta que dio la vuelta a la Tierra extasiando a los ateos con su frase “No veo a ningún Dios aquí arriba”. Los rusos han sido desplazados por los chinos. Hoy solo son una potencia regional, y por eso han preferido un centenario asolapado.

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