Al escribir esa columna, hasta tres candidatos se disputaban el segundo lugar para acompañar a Keiko Fujimori en la recta final del camino a la Presidencia de la República. Pero, no queda duda sobre la fragmentación, cada vez más marcada, del país: totalmente irreconciliable sobre su rumbo. Lástima que los sufragios se hayan enturbiado por la desidia de la ONPE, lo que juega en contra de la estabilidad del país. Con este panorama, la segunda vuelta volverá a polarizar la nación. En este punto, ¿por qué no crean la opción de un voto voluntario?
En un breve análisis, estaba cantado que Fujimori iba a encabezar las preferencias, luego de que se incrementara las preferencias por la derecha: Rafael López Aliaga es su preferido sobre Ricardo Belmont y Carlos Álvarez. A su vez, el mensaje cargado de la izquierda lo tenían Roberto Sánchez, López Chau, Atencio y Lescano. Así los resultados, las alianzas podrían ser más complicadas para quien ocupó el primer lugar.Lo malo de las segundas vueltas en el país es que se obliga al elector a decidir por quien no cree: ¿alguien de la izquierda perdedora votaría por la primera candidata? Ciertamente, no. Lo único que le quedaría es cuestionar la gestión durante los próximos cinco años, como parte del ejercicio democrático. Ya a estas alturas, el voto debería ser voluntario, no estar ajustando al ciudadano para que elija por quien, finalmente, no cree. Entonces, es un absurdo mantener esta obligatoriedad.
Solo nos queda exigirles a los candidatos a la segunda vuelta que, aunque suene romántico, propongan como uno de los ejes de su gestión la reconciliación nacional. No podemos seguir implosionando como sociedad, minando la democracia, menospreciando las libertades. Estamos cansados del voto con el hígado, del tapado de nariz, de las náuseas en la cámara de sufragio. Ojalá dejemos el revanchismo y apostemos por propuestas creíbles para mejorar la calidad de vida del país.