Opinión

​La soledad de Melissa

Al igual que sucediera con su colega Jessica Tapia, Melissa es víctima de un sujeto cuyas presuntas alteraciones mentales son su mejor coartada

21 de Abril del 2018 - 07:25 Eugenio D'Medina Lora

Un nuevo caso de acoso sexual a una figura pública ha agregado una raya más a la atigrada piel del Poder Judicial peruano, mostrándolo en su faceta más penosa: la de un poder del Estado que carece de todo poder para trabajar por los ciudadanos decentes. Se trata esta vez de la periodista y presentadora televisiva Melissa Peschiera, quien insólitamente viene siendo acosada por un sujeto que “documenta” su acoso con mensajes fotográficos frente al domicilio de la comunicadora y que hasta incluye a su familia, todo lo cual publica en Twitter. Es decir, la señora Peschiera no se siente agredida porque es hipersensible y algo no le pareció, sino porque cuenta con pruebas de flagrancia de acciones concretas de acoso sexual en su contra y al delincuente acosador plenamente identificado.

Al igual que sucediera con su colega Jessica Tapia, Melissa es víctima de un sujeto cuyas presuntas alteraciones mentales son su mejor coartada para blindarse en un baño de cuestionada impunidad. Solo que a ella no solo la ataca este abyecto sujeto, sino que el Poder Judicial le replica el ataque con su actitud vergonzante de dejarlo libre. Por desgracia, el Poder Judicial se esmera en proteger, como siempre, al delincuente. A este se le tiene que entender y acoger, además de rehabilitar, como si fuera un deber social. Porque sencillamente, las instituciones encargadas de protegerla, la han dejado sola. Sola, como se le ha visto en la televisión, clamando con la voz entrecortada por una porción de elemental justicia.

Es el momento de demostrar que Melissa no está sola. Basta de tanta desidia, señores del Poder Judicial. Entiendan que los peruanos necesitamos que ustedes funcionen. Demostrémosle, como a las mujeres que sufren similar padecimiento, y que podrían ser nuestras hijas o nuestras madres, que sacaremos la cara por ellas para erradicar estos comportamientos. Terminemos con las palabras y pasemos a la acción. 

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