Opinión

La verdadera revolución educativa que nunca tuvimos

​Para llevar adelante una verdadera revolución educativa hay que tomar decisiones, penosamente una práctica ausente como regla en nuestra historia republicana, convirtiendo a la gestión gubernamental en un auténtico drama nacional

24 de Agosto del 2017 - 07:01 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Para llevar adelante una verdadera revolución educativa hay que tomar decisiones, penosamente una práctica ausente como regla en nuestra historia republicana, convirtiendo a la gestión gubernamental en un auténtico drama nacional. Tuvimos gobiernos que se esmeraron de una u otra manera en la educación de nuestra población. Sin inflar ni desinflar los gobiernos que hemos tenido en 196 años de vida independiente, sería mezquino si acaso no reconociéramos, nos guste o no, los discretos aportes de José Pardo y Barreda (1904-1908), Óscar R. Benavides (1933-1939), Manuel A. Odría (1948-1956), Juan Velasco Alvarado (1968-1975), Alberto Fujimori (1990-2000), Alejandro Toledo (2001-2006) y Ollanta Humala (2011-2016); sin embargo -debo ser enfático-, ninguno de ellos hizo visible una auténtica política de Estado sobre educación. No nos engañemos. Es una letanía y hasta una verdad de Perogrullo afirmar que “solo la educación nos hará un país desarrollado”, pero la verdad es que para lograrlo no hay que temer a la inversión nacional en educación, pues aunque gastemos jamás será visto como tal. Nuestro presupuesto nunca ha pasado del 3.5% del Producto Bruto Interno (PBI) y se anuncia como hazaña que para el periodo que viene será de algo más de 5%. El Banco Mundial ha revelado que, lejos de lo que podríamos imaginar, los países industrializados no son los que invierten un mayor porcentaje de su PBI en educación, sino las naciones menos desarrolladas. Sorpréndase, amigo lector, que tres países latinoamericanos están en la aplaudida lista: Cuba (13%), Bolivia (7%) y Venezuela (6.9%). El Perú está a la zaga. ¡Qué vergüenza! La histórica actitud timorata de nuestros gobiernos impide que el Perú dé el gran salto. Pensamos mucho, y eso es imperdonable. Desde niño vi huelgas de maestros pudiéndose evitar. Con una política de Estado tendríamos maestros bien pagados y los mediríamos por resultados innegociables. Nuestras reservas internacionales superan los $63,256 millones; entonces lo que falta es -repito- invertir en la educación sin miedo y, con ello, una seria redistribución de la riqueza.

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