“La vida llega, se va la vida, como una rueda, gira que gira”, canta Alberto Cortéz, talentoso compositor e intérprete argentino, quien nos recuerda a través de su música, una verdad absoluta: la fragilidad de la existencia del ser humano. Esa vulnerabilidad que se siente mucho más cuando la muerte llega sin avisar, cuando nadie espera que toque la puerta. Por eso, hace una semana, la partida de Manolo Rojas, querido y talentoso cómico peruano, dolió el doble, nos tomó a todos por sorpresa; dejando como una puerta abierta que la noticia sea una de esas bromas que se han vuelto frecuentes en redes. Lamentablemente, no fue así, un infarto fulminante al corazón terminó con la vida del humorista que hasta hace algunas horas enfrentaba al mundo con optimismo y esperanza. Dueño de una carrera exitosa en televisión y radio, Rojas bebió de las fuentes del humor callejero que le dieron las primeras lecciones en un oficio que lo llevaría muy lejos. Las plazuelas y esa interacción con un público sin filtro, determinaron en él, un estilo que se caracterizó por su rapidez y espontaneidad, esa marca que llevó a todos los elencos en los que participó. Manolo, siempre fue consciente que era una pieza fundamental en un gran engranaje, sabía que sin su concurso, un programa no saldría a flote, pero nunca exigió el programa propio como un requisito indispensable para seguir en la televisión. Esa sencillez y los pies bien puestos sobre la tierra, saber lo que vale, pero nunca desubicarse, fue un elemento que trascendió a su vida profesional. Por eso, todos destacan en el entrañable Manolo, su humanidad, su bondad y no son palabras dichas por la ocasión, todos coinciden en afirmar que el ser humano brilló tanto como el profesional de la comicidad. Quizás, ese será su mayor aporte y legado a las nuevas generaciones; se le pondrá como ejemplo de lo que debe ser un artista; que antes de lucirse con éxito en los escenarios, se debe aspirar a ser una buena persona. Siempre dando la mano a sus colegas y sin ese ego desbordado que se convierte en veneno puro, el entrañable “Chistoso” ha trascendido de los linderos estrictos de la comicidad. Sin distinción de género artístico, Manolo Rojas ocupará un lugar especial en el corazón de los peruanos para siempre.
LA VIDA LLEGA, SE VA LA VIDA... columna de Johnny Padilla
Opinión