Opinión

La voz cantante

Columna: IVÁN SLOCOVICH

30 de Noviembre del 2017 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Va a ser muy interesante escuchar en los próximos meses todo lo que tiene que decir al Ministerio Público Jorge Barata, quien fuera el hombre fuerte de la corruptora Odebrecht en el Perú durante los años dorados en que dicha empresa se hacía de millonarias licitaciones a cambio de buenos fajos de billetes entregados a sinvergüenzas, que ojalá sean puestos a buen recaudo antes de que comiencen a fugar del país sabiendo lo que se les viene.

Lamentablemente se ha tenido que llegar a un acuerdo con este personaje que ha delinquido en el Perú. No obstante, es la única forma de llegar al fondo de toda la maraña de corrupción que alcanza a varios gobiernos y personajes, entre ellos algunos que se promocionaban como la “reserva moral” y hacían muecas de asco ante las acusaciones contra sus rivales políticos. El caso más reciente es el de Susana Villarán, la autoproclamada “honesta” del Perú.

Barata debe de estar muy al tanto -incluso mucho más que su exjefe Marcelo Odebrecht- sobre el dinero que se dio en nuestro país a políticos y a autoridades no solo de alcance nacional, sino también a nivel regional, donde muchos exgobernadores están “pasando piola”: solo se ha conocido el caso de la exautoridad del Cusco, Jorge Acurio, hoy con arresto preventivo por presuntas coimas en una obra. Sin embargo, ¿qué hay de los demás?

Es de esperarse que Barata también confiese la labor de los estudios de abogados a los que pagaban para darle “legalidad” a sus movidas y -por qué no- sería bueno conocer también la lista completa de periodistas y opinólogos que pasaron por caja como “consultores” y “relacionistas públicos”; ellos hoy, sin advertir que trabajaron para Odebrecht -algo que no necesariamente es delito-, tienen el empacho de rasgarse las vestiduras y venir a pontificar sobre corrupción.

Ojalá que con Barata en la condición de “colaborador eficaz” el Ministerio Público pueda acelerar el paso; pues, a un año de confirmado el pago de coimas por la empresa Odebrecht, es poco lo avanzado para la magnitud de la corrupción que viene desde hace casi 15 años y tres procesos electorales generales en que -según se sabe- se solía dar dinero a manos llenas a los principales candidatos, quienes jamás lo declararon ante las autoridades. 

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