Opinión

Las cárceles del país en malas manos

Editorial

26 de Junio del 2018 - 10:59 Editorial

Con el reportaje emitido el último fin de semana por el programa Punto Final, que compromete seriamente al recientemente renunciante jefe del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), Carlos Vásquez Ganoza, queda claro que el olor a corrupción no solo emana de los bolsillos de esos malos agentes penitenciarios que dejan entrar licor y hasta armar suites y discotecas dentro de las cárceles.

Es evidente que la corrupción que campea en el Inpe, y que impide una adecuada lucha contra esta lacra, viene desde “arriba” no solo desde la gestión de Vásquez, sino desde antes. Recordemos que su antecesor, Julio Magán, está bajo sospecha de haber ayudado a la irregular salida del penal del Callao del peligroso hampón Gerson Gálvez, (a) “Caracol”, quien luego fue recapturado.

Con jefes así en el Inpe, qué se puede esperar en las cárceles, donde el personal a cargo deja que los reclusos sean los dueños de esos recintos, donde vía telefónica se planean delitos muy graves, y ni qué decir de los privilegios de los delincuentes con mayores recursos económicos. ¿Así se está luchando desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos contra el hampa?

Desde hace años nuestro sistema carcelario necesita una reforma integral que apunte a resocializar a los internos que puedan ser salvables, pero sobre todo a impedir que desde dentro de los penales, que supuestamente son seguros, se siga delinquiendo en perjuicio de los ciudadanos que estamos en las calles. Así como va el Inpe, con jefes tan cuestionados como Vásquez y Magán, no vamos a ningún lado.

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