Opinión

Las chacras de los corruptos

Lo patético es que, luego de este personaje, la gente eligió a Waldo Ríos, quien hoy está preso

19 de Mayo del 2017 - 08:10 Iván Slocovich

A estas alturas, no tiene sentido señalar una vez más a los responsables de la improvisada “descentralización” aprobada con bombos y platillos a inicios de la década pasada y que es, a la larga, la causante principal de los actos de corrupción que vemos en la gran mayoría de regiones, ahí donde reyezuelos como César Álvarez, Gerardo Viñas y Jorge Acurio -por mencionar solo a tres- han hecho lo que les ha dado la gana al no existir el mayor control sobre ellos.

Es verdad que la descentralización era y es una necesidad. Sin embargo, queda claro que el actual modelo ha fracasado de inicio a fin, por lo que el Congreso está en la obligación de dar las normas necesarias para corregir la situación, sin hacer caso a las voces demagógicas de siempre que insisten en la autonomía en las gestiones regionales, en nombre de frenar el centralismo. Bueno pues, por tener en cuenta ese “clamor”, ahí están los resultados.

Hemos tenido a gobernadores regionales acusados de recibir coimas, de usar los recursos de sus administraciones para beneficio propio y hasta de formar bandas criminales para asesinar a sus opositores. Todo esto al amparo de una supuesta autonomía y de un Ministerio Público y una Contraloría General de la República que se hicieron de la vista gorda y dejaron escapar las tortugas por razones que en su momento tendrán que explicar.

El caso más escandaloso, sin duda, ha sido el de Áncash, en que Álvarez convirtió a la región en su chacra. Lo patético es que, luego de este personaje, la gente eligió a Waldo Ríos, quien hoy está preso al igual que su reemplazante, Enrique Vargas. Al menos las irregularidades de estos dos fueron detectadas en plena gestión, pero al primero de ellos lo dejaron actuar por varios años, sabiendo que ni al Congreso estaba obligado a rendirle cuentas. Heriberto Benítez sabe muy bien de esto.

Ya nos hemos lamentado bastante por la fallida descentralización. Ahora queda modificar la ley existente y toda aquella norma que impida fiscalizar a las administraciones locales, para que no sean feudos de corruptos y sinvergüenzas, mientras la gente en la calle no tiene ni una posta médica para atenderse o una pista en que pueda circular sin peligro. El Congreso tiene que actuar. Limpiar las regiones y ponerlas a trabajar con honestidad y eficiencia debe ser una prioridad.

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