Opinión

Las derrotas siempre son huérfanas

COLUMNA: Jorge Esteves Alfaro

31 de Enero del 2019 - 07:00 Jorge Esteves

El túnel Yanango, una obra colosal que une las provincias de Chanchamayo y Tarma, en el departamento de Junín, fue motivo de orgullo para toda la clase política regional y nacional. Por fin se solucionaba el problema de las vías interrumpidas por la caída de huaicos. Más de un kilómetro de la ruta entre la sierra y la selva central se encontraba a salvo de las consecuencias de los derrumbes y deslizamientos producto de las intensas lluvias. Sacaron pecho desde los apristas que formularon el proyecto en el 2008, hasta los ppkausas que inauguraron la obra hace 15 meses, pasando por humalistas y gobernadores y funcionarios de la gestión anterior del gobierno regional de Junín. Todos se creían artífices del monumental túnel, que costó cerca de cien millones de soles.

Pasó el tiempo y desde el último 22 de enero se incrementaron los huaicos en la zona de Yanango. Inmensas rocas cayeron sobre una parte del techo del túnel y debilitaron su estructura. Esto ha generado que quede cerrado durante 40 días y las rutas alternas estén restringidas. Lo curioso es que si antes muchos se atribuían este logro, hoy nadie reivindica para sí este desastre. Como dicen algunos, las derrotas siempre son huérfanas.

Por supuesto, los cuestionamientos aparecieron inmediatamente. “La construcción es mala”, “En el Perú se paga por obras deficientes y eso también es corrupción”, dijeron. Lo cierto es que se debe investigar este incidente que genera que haya pueblos aislados y las consecuentes pérdidas económicas. Si bien es cierto que se trata de una geografía agreste que en época de lluvias se transforma en un verdadero infierno, los que construyeron el túnel debían afrontar con éxito este desafío a la ingeniería.

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