Opinión

Las promesas de Kuczynski

Preguntarse qué clase de formación están recibiendo los escolares con esa clase de docentes

13 de Julio del 2017 - 08:00 Iván Slocovich

Si el presidente Pedro Pablo Kuczynski aún tiene la intención de cumplir su promesa de llegar al año 2021 habiendo dotado al país de servicios públicos de salud y educación de calidad, va a tener que ajustar varias tuercas en esos sectores, que como vemos por estos días vienen atravesando muy serios problemas que a fin de cuentas afectan a quienes deberían ser sus beneficiarios: los pacientes y los escolares más pobres.

Si miramos lo que pasa en el sector Salud, ahí tenemos la huelga médica, que se hace sentir especialmente en provincias, y ni qué decir de las descoordinaciones que impidieron la oportuna atención de los afectados por el dengue en el norte del país tras El Niño costero. Postas médicas y centros de salud sin camas ni elementales pastillas de Paracetamol para hacer frente a la epidemia, pese a que se sabía lo que se venía, para nada son un buen diagnóstico.

Imposible pensar que se está trabajando por hacer de la salud pública un servicio de calidad si nos damos una vuelta por la emergencia del Loayza, hospital donde además no hay un tomógrafo operativo, o si escuchamos las quejas de los pacientes del Hospital de Neoplásicas. Si la solución pasa por el cambio de la ministra Patricia García, es algo que tendrá que evaluar el presidente Kuczynski, aunque sin duda el problema es mucho más profundo, pues viene de décadas atrás.

Una situación similar se vive en el ámbito de la educación pública, esa que el 28 de julio pasado el jefe de Estado ofreció cambiar hasta 2021. Si tenemos profesores como esos que en las últimas horas han bloqueado la vía férrea a Machu Picchu, las cosas tienen que estar muy mal, pues habría que preguntarse qué clase de formación están recibiendo los escolares con esa clase de docentes, que por más huelga que realicen, no pueden estar delinquiendo de esa manera.

Los problemas en salud y educación son profundos, más allá del dengue y los profesores revoltosos. Hay mucho por hacer, y si el Mandatario ha asumido un compromiso de acabar con todos esos problemas, debe poner más atención, pues las deficiencias mencionadas están afectando no a quienes pueden pagar una clínica y un colegio privado, sino a los que tienen que recurrir a un Estado que suele mostrar su peor cara cuando lo necesitan.

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