Opinión

Las pugnas por la Comisión de Ética

COLUMNA: EDITORIAL

18 de Septiembre del 2019 - 07:30 Editorial

La Comisión de Ética del Congreso de la República no siempre estuvo en estos aprietos. Antes, era un arma de autorregulación, de higiene interna. Hoy, al parecer, es utilizada como un callejón oscuro, un botín, un feudo que debe ser tomado para que no caiga en manos rivales.

Tal parece la situación de dicho grupo que ha sufrido el primer traspié en el inicio de esta legislatura. Cinco de sus miembros, representantes de igual número de bancadas, han preferido dar un paso al costado antes que aceptar que Fuerza Popular incremente su participación de cuatro a ocho integrantes, de un total de diecinueve.

Según los legisladores de Peruanos por el Kambio, Bancada Liberal, Frente Amplio, Nuevo Perú y Unidos por la República, la bancada fujimorista ha copado la comisión para contrarrestar a sus adversarios, así como para blindar a los suyos. De igual modo, consideran que Janet Sánchez debe dejar la presidencia.

Frente a este panorama, está claro que no es el afán de regulación a la conducta de los parlamentarios el que tiene en disputa a las bancadas, sino un interés en particular: tomar el arma más utilizada para eliminar o apoyar a quienes son acusados de actos irregulares en su función congresal.

Afirman los hoy disidentes que existe una propuesta de la propia Janet Sánchez para que la Comisión de Ética sea conformada por un miembro de cada bancada, iniciativa que debería ser debatida por la Comisión de Constitución. Podría ser un buen momento para emparejar el suelo.

Otro camino es tomar la propuesta de crear un equipo de civiles encargado de regular la conducta parlamentaria. Así se eliminaría de una buena vez la mofa popular “otorongo no come otorongo”. Elijan ustedes, legisladores, pero acaben de una vez con esa disputa en perjuicio de la institucionalidad del Congreso. 

tags