Opinión

Las ventanas rotas

Todo problema tiene una solución y es posible que la que implementó Giuliani en Nueva york funcione aquí también

08 de Abril del 2018 - 08:38 Pedro José de Zavala

La teoría de Kelling y Coles que se aplica a la violencia urbana sostiene que si un edificio tiene una ventana rota, en poco tiempo aparecerán más ventanas rotas y es posible que en el tiempo el edificio sea víctima de vandalismo. Esta teoría es la que utilizó el alcalde Giuliani, logrando reducir de manera significativa la criminalidad en Nueva York con su política de tolerancia cero. Si bien estas prácticas tienen detractores, parece razonable pensar que la sensación de impunidad alienta la transgresión.

El corto gobierno de PPK terminó con el escándalo de la compra de congresistas y cuestionado por sus acciones y las de sus integrantes. Esto, sumado a un Poder Judicial que no parece buscar que la justicia sea igual para todos, nos hace sentir que nuestro Estado tiene las ventanas rotas y posiblemente que ya sea presa de un vandalismo que difícilmente se podrá revertir.

Este sentimiento genera desasosiego y cuesta mucho pensar que tendremos un futuro promisorio para nosotros o para nuestros hijos. Esto es grave, pero lo peligroso es el hecho de que empecemos a actuar pensando que la única manera de sobrevivir es transgrediendo la ley y que la supervivencia justifica la transgresión, lo que le hace cada más daño a las instituciones. Un círculo vicioso con consecuencias nefastas.

Todo problema tiene una solución y es posible que la que implementó Giuliani en Nueva York funcione aquí también. La tolerancia cero a la corrupción y a la componenda, en el Ejecutivo, en el Congreso, en el Poder Judicial y en todas las instituciones del Estado, puede ser el inicio de una nueva historia. Una práctica que esperemos aplique el presidente Vizcarra en su gestión y que sea imitada por el Estado, por todos los peruanos. El Presidente debe buscar gobernar con mano dura, y lo más seguro es que el pueblo lo agradezca.

El Perú necesita recuperar la esperanza que podemos tener en un futuro mejor, que somos capaces de cambiar los cristales rotos de nuestra institucionalidad. De lo contrario, nos iremos hundiendo poco a poco en un proceso de deterioro cuyas consecuencias son fáciles de predecir, pero difíciles de imaginar.

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