Opinión

Lecciones que nos deja la “no vacancia” (II)

Columna de Rolando Sousa

07 de Enero del 2018 - 07:17 Rolando Sousa

Señalamos, en la entrega anterior, que una primera lección que nos ha dejado la “no vacancia” ha sido que el “antifujimorismo”, se ha tornado en la fuerza motora que guía las acciones de un importante sector social del país, que promueve una irracional confrontación contra el fujimorismo. Una segunda lección que nos deja es la constatación del poco apego a los principios democráticos consagrados en la Constitución por aquellos que, precisamente, dijeron defenderla para oponerse al pedido de vacancia del Presidente denunciando la inminencia de un presunto “golpe de Estado” del Congreso dominado por FP, para “capturar y concentrar el poder”. Nada más falso y ajeno a toda posibilidad real de concretarse. Veamos: El pedido de vacancia presidencial es una institución consagrada expresamente en nuestra Constitución Política, como también lo está la línea sucesoria de vicepresidentes, correspondiéndoles al primer vicepresidente (Martín Vizcarra) o a la segunda vicepresidente (Mercedes Aráoz).Lo antidemocrático e inconstitucional estuvo en la decisión (unilateral) tomada por el Presidente (anunciada en mensaje a la Nación en la víspera) que, de prosperar la vacancia, sus vicepresidentes también renunciarían. ¿Por qué tendrían que hacerlo? A ellos corresponde respetar la Constitución, y ella les manda asumir las funciones del Presidente que incurre en impedimento permanente (vacado). Negarse a priori, como “chantaje” a la oposición, o para forzar un escenario político de aparente ingobernabilidad, pudo devenir en infracción a la Constitución, que no debió ser apañada por las fuerzas políticas promotoras de la “no vacancia”.Una tercera lección ha sido el indebido uso, por parte del propio detentador del Poder Ejecutivo, del pernicioso “ruleteo” de las acciones de amparo ante el Poder Judicial. Se llegó a conocer de la presentación de hasta trece demandas constitucionales que pretendían impedir que se lleve a cabo el procedimiento en el Congreso, lo cual resulta absolutamente aberrante.

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