Opinión

Leviatán y la nueva tiranía

COLUMNA: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

04 de Abril del 2019 - 07:00 Martín Santivañez

La construcción de un Estado contractualista en el que prima la idea del consenso sobre el derecho natural o cualquier otro tipo de referente absoluto ha permitido la creación de una nueva tiranía vinculada al relativismo posmoderno. El Estado omnipotente, portador de una misión cuasi-divina, por fuerza cosifica a la persona porque se erige en un referente que no admite un poder superior. Nace así el Leviatán liberal.

La imagen del Leviatán de Hobbes es tomada de la Biblia. En Job 40-41, el monstruo marino es descrito de la siguiente manera: “Su corazón es tan frío como una roca y tan firme como un trozo de piedra de molino. Cuando se alza, se horrorizan los fuertes, y cuando se encoleriza, no hay piedad. Nadie en la tierra se puede comparar con él. No conoce el miedo. Desprecia todo aquello que se eleva; es rey por encima de todo orgullo”. La frialdad del Leviatán necesariamente se traduce en su carácter impersonal. Nada más opuesto a la existencia de un Dios personal, del Cristo que salva uno a uno y que llama a sus discípulos por su nombre.

La democracia impersonal propia de todo Estado liberal fomenta, tarde o temprano, la consolidación de una burocracia todopoderosa que se expande sin frenos ni contrapesos. Esta burocracia autorreferencial ejerce su dominio bajo la premisa de la soberanía representada en un dios mortal, esto es, el Estado. Como toda falsa deidad, el Estado impone una tiranía relativista en la que el Leviatán soberano no tolera la disidencia. El Estado se transforma en una nueva iglesia, en el sujeto de la nueva religión, la religión de una democracia relativista a la que solo cabe obedecer.

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