Recientes terremotos devastadores como los de Venezuela y Colombia nos han hecho levantar la ceja una vez más y recordar que nuestro país, y en especial Lima, no está preparado para soportar un sismo de magnitud 7 u 8, que es lo que prevén los expertos, pues la antigüedad de las construcciones, el crecimiento desordenado de la ciudad, la informalidad en las edificaciones y la ausencia de un cuerpo de bomberos y servicios de emergencia debidamente equipados, se han convertido en una bomba de tiempo.
Hay tanto peligro en el Centro de Lima, Barrios Altos, Rímac, Breña, Magdalena, Barranco y los acantilados de la Costa Verde, como en las laderas de los cerros que rodean a la capital, donde se han construido viviendas con ladrillo y cemento sin el menor criterio técnico, y otras más precarias se han levantado sobre plataformas hechas con llantas y material de desecho. El vecino puerto del Callao también tiene muchas edificaciones precarias y gran parte está expuesto a los efectos de un tsunami.
Pero en las últimas horas, aparte de la tragedia que sin duda implicaría un gran sismo en Lima y Callao, otra dura realidad nos ha saltado –nuevamente– en la cara a raíz de la llegada de la DANA Aníbal: que la capital del país no es capaz ni de soportar una garúa algo superior a la habitual, pues de inmediato se producen inundaciones y colapsos en redes de agua y desagüe como las que estamos viendo en Villa El Salvador, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Chorrillos.
Muy bien que la presidenta Keiko Fujimori haya anunciado cambios profundos en Sedapal, una empresa pública históricamente mal manejada que es gran parte del problema. Sin embargo, cualquier cosa que se haga incluso desde hoy mismo, arrojará resultados en el largo plazo, no ahora cuando estamos ante una emergencia. Además, tengamos en cuenta que los sindicatos y sus representantes de la izquierda no van a permitir que la necesaria reestructuración se haga fácilmente.
Entonces, en estos momentos tenemos dos riesgos sobre la capital: la ocurrencia de un sismo que podría suceder en este mismo instante; y lo que pueda pasar en los próximos meses, cuando llegue el fenómeno El Niño previsto y se incrementen las lluvias en todo el país, incluyendo la costa central, tal como ha sucedido en el pasado. ¿Las casas con el agua hasta la mitad de sus paredes serán parte del paisaje? Todo hace indicar que sí, pues es poco lo que se puede hacer en unas cuantas semanas.
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