Opinión

Los acomodos de Galarreta

Le hemos visto como seguidor de PPK, como ferviente militante del PPC y ahora como el cancerbero de Fuerza Popular.

27 de Julio del 2017 - 09:17 Renato Sandoval

No me queda duda que el nuevo presidente del Congreso de la República, Luis Galarreta, deberá trabajar mucho para poder definir su papel de concertador y objetivo. Precisamente, dos atributos que no ha mostrado en su etapa de parlamentario multipartidario, por decirlo suavemente.

Discrepo con quienes creen que la presidencia del Legislativo haga cambiar la actitud de Galarreta. Es como pedir que Martha Chávez sea defensora del pueblo y como tal modere la ferocidad con la que defiende sus ideas. Es mucho pedir.

La verdad es que no se sabe cómo va a actuar el comodín de Galarreta. Le hemos visto como seguidor de PPK, como ferviente militante del PPC y ahora como el cancerbero de Fuerza Popular.

Aunque muestre amplia experiencia en el manejo del Parlamento, me quedan muchísimas dudas de sus dotes de facilitador. ¿Creen que si Keiko Fujimori le ordena poner en agenda un tema, Galarreta se opondría solo por una actitud democrática? Lo dudo. Será un “sí, señora”, como se ha comportado en el primer año siendo el vocero del fujimorismo.

La felicitación de Pedro Pablo Kuczynski a la designación de Luis Galarreta es solo un acto diplomático. Recuerden que el flamante titular del Legislativo despotricaba del mandatario y de su primer ministro Fernando Zavala cada vez que la oposición tenía que hacer su trabajo de demoler al gobierno.

Hasta ahora creo que Galarreta solo ha mostrado un excesivo afán para llegar al poder a como dé lugar. Se ha mantenido en su escaño gracias al cambio de camiseta política y desconocemos si al final de este ciclo volverá a buscar otro vientre de alquiler.

De ese tipo de políticos hay que tener mucho cuidado, sobre todo porque están dispuestos a todo con tal de lograr sus objetivos. Dirán que todos lo hacen, pero algunos tienen convicciones claras y luchan desde una trinchera afín, más que buscar un trampolín para obtener un gran cargo. Y tampoco me vengan con el cuento de que pese a su discapacidad logró estar donde está, sino miremos a Michael Urtecho o a Giancarlo Vachelli. Ojalá modere sus términos.  

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