Opinión

​Los galones del general

Sale a dar vueltas por las calles con reservistas y exsoldados para que le expresen su respaldo

15 de Septiembre del 2018 - 08:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El congresista Edwin Donayre (Alianza Para el Progreso) lleva pocos años en política, pero parece que ha aprendido muy bien las mañas de aquellos “viejos zorros” del pasado, para así tratar de desviar la atención de los incautos ante la pena de prisión efectiva que le ha impuesto el Poder Judicial por el robo de gasolina en una dependencia militar, mientras se desempeñaba como general del Ejército hace más de diez años.

Lo señalo porque mientras el Congreso la hace larga para autorizar al Poder Judicial que cumpla con ejecutar su arresto, el congresista Donayre se está esforzando en afirmar que lo han condenado por haber chocado “con intereses de grupos poderosos”, al tiempo que sale a dar vueltas por las calles con reservistas y exsoldados para que le expresen su respaldo, creyendo quizá que “el calor popular” de su portátil lo salvará de ser enviado a un penal.

Eso de que un político diga que su caída en desgracia es una “venganza” de los “poderosos” no es de ahora. Es tan viejo como la patria misma. Habría que preguntarnos qué tanto ha hecho Donayre desde el Congreso, como para que alguien se haya incomodado o visto peligrar su bolsillo o sus intereses. Además, la desaparición del combustible en la zona sur del país no viene de ahora, sino desde hace muchos años.

Tengamos en cuenta que no es la primera vez que el Congreso la hace larga para permitir que un legislador sea sometido al Poder Judicial, tras una condena recibida por delitos cometidos antes de ser elegido parlamentario. Hace poco lo vimos con el cusqueño Benicio Ríos, quien incluso estuvo cobrando su sueldo pese a permanecer oculto a fin de evadir la prisión. Finalmente, el Poder Legislativo se vio presionado y tuvo que proceder.

Pero pese a lo que diga el general Donayre y a las arengas de su leal “portátil”, acá lo que tiene que hacer el Congreso es proceder con celeridad para que se pueda ejecutar la sentencia de prisión efectiva, la misma que ya están purgando los coprocesados del legislador, quienes no tenían el privilegio de contar con inmunidad parlamentaria. Esa figura constitucional que hace que en pleno siglo XXI tengamos “ciudadanos VIP”, que viven “a salvo” del brazo de la justicia.

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