El candidato presidencial Alfonso López Chau no da entrevistas a medios que puedan hacerle preguntas “incómodas” sobre su “explosivo” pasado, por lo que hace unos días difundió un video en el que a punta de gritos destemplados se mostró “indignado” por el “terruqueo” que le hacen, por el único hecho de recordarle –recortes de prensa en mano–, que en 1970 fue arrestado en el Callao al ser vinculado con una banda “rojos” que asaltaron un banco en la zona norte de Lima.
Este señor debería saber que se trata de una información aparecida en diferentes medios, y no de un invento de nadie en tiempos de campaña. Los reportes de la época dan cuenta de su detención, que más tarde derivó en un encierro en el penal de Lurigancho, lo que nada tuvo que ver con una “épica” oposición al gobierno del general Juan Velasco, sino a un hecho delictivo puro y duro perpetrado por gente que al parecer buscaba plata para financiar la “revolución” que soñaban hacer.
Qué “coincidencia” que este mismo tipo de acciones cometiera años después el MRTA, que tenía como cabecilla a Víctor Polay Campos (a) “comandante Rolando”, el hombre que según López Chau es un “luchador político” y no un terrorista, pues esa banda armada cometía acciones como asaltos a bancos –especialmente a inicios de los 80– y secuestros de empresarios –ya en los años 90– a los que encerraban en las brutales “cárceles del pueblo”, a fin de sacar plata para sus actividades al margen de la ley.
Años atrás entrevisté en Cochabamba al reconocido empresario y excandidato presidencial boliviano Samuel Doria Medina, quien a fines de 1995 estuvo secuestrado por el MRTA durante 45 días en La Paz. Pagó por su liberación un millón 400 mil dólares que según me dijo, sirvieron para financiar la toma de la casa del embajador japonés en Lima, un año después. Así actuaban estas lacras, a punta de pistola y ametralladora, todo en nombre de la “revolución”.
Quien tiene “anticuchos” y no está dispuesto a dar la cara para aclararlos ante los periodistas, medios o auditorios que lo requieran, que mejor no se meta en política y se quede en su casa viendo todo por televisión. Acá no hay “terruqueo”, simplemente búsqueda de archivos periodísticos y el hacer un poco de memoria, como sucedería en cualquier parte del mundo ante un personaje que aspira a ser presidente del Perú, luego de sacar cara por un salvaje como Polay y pasar una temporada en Lurigancho.