Desde el año 2005 se utilizan las denominadas actas 90000 en todos los procesos electorales nacionales. Estas corresponden a mesas instaladas por la ONPE en las zonas más alejadas del país para garantizar el derecho al voto de poblaciones rurales y nativas que, por distancia y pobreza, tendrían dificultades para trasladarse hasta una capital de distrito.
Actualmente existen cerca de 4700 mesas distribuidas en 1913 localidades del país. Su creación puede darse a pedido de los pobladores o por decisión de la ONPE, siempre bajo criterios técnicos y dentro de plazos públicos y previamente establecidos. El año pasado las solicitudes para la creación de estas mesas con miras a las Elecciones Generales 2026 podían presentarse hasta el 29 de agosto, y este año el plazo venció el 30 de abril para las Elecciones Regionales y Municipales 2026.Por eso resulta válido preguntarse por qué algunos personeros no hacen seguimiento a este proceso cuando las solicitudes están abiertas y recién cuestionan la existencia de estas actas cuando enfrentan problemas en el cómputo de votos.
El voto urbano y rural tienen el mismo valor y refleja la voluntad del pueblo peruano. Ya se silenció la voluntad popular de miles de limeños el pasado 12 de abril por responsabilidad de la autoridad electoral. No caigamos ahora en el grave error de querer silenciar también la voz de miles de peruanos del Perú profundo, ese Perú del que muchos hablan, pero que muy pocos conocen y recorren realmente.